Tiene uno la sensación que hay determinadas leyes que no solo no se cumplen, sino que encima se hace acopio de olvido con mucha facilidad o con toda intencionalidad. Como ciudadano de calle veo como, por ejemplo, no se cumple igual la ley del aborto, bien lo saben las mujeres que -por circunstancias que no vienen al caso- tienen que rellenar mil y un papeles y seguir unos trámites bastante recios, que cumplir la Ley Antitabaco, que ya hace tres años promulgó este gobierno.
Y es que usted va aun bar o a un restaurante y aún, pasado este trienio, se puede encontrar perfectamente a todo el mundo fumando. Se da la paradoja que puede entrar con niños y nadie le llama la atención. Para colmo, se ha relajado tanto la cosa, que ni nosotros mismos ejercemos nuestro derecho a dirigirnos al dueño del local y comentarle lo que estamos viendo, y no digamos ya poner una denuncia o rellenar una simple hoja de reclamaciones. Nos da vergüenza o simplemente pasamos. No queremos problemas.
Entonces, ¿para qué se hizo esta ley? Aunque las tabacaleras han disminuido de forma ridícula sus ventas, el inicio es cada vez más temprano, y esto evidentemente amortigua enormemente las pérdidas. A todo ello también hay que sumarle el pasotismo –o egoísmo- de los propios dueños de los establecimientos hosteleros que, teniendo la oportunidad de curarse en salud, han preferido el negocio y, no solo han permitido fumar en su establecimiento, sino que encima pasan de la protección de sus empleados, y de lo que a estos les gustaría o a lo que tienen derecho por ley.
Hace poquito leía que el sector de la hostelería era el que más infringe la norma. De hecho, el 85% de bares y restaurantes destina una zona más amplia de la permitida a los fumadores, el 37% aísla mal la parte en la que es posible consumir tabaco y el 22% la señaliza mal.
Si nos fijamos bien, en la mayoría de los bares ha desaparecido los carteles avisando de si se puede fumar, o si está prohibido. Sin embargo, todo no es malo, en los hospitales o instalaciones sanitarias, por ejemplo, se ha llevado a rajatabla la aplicación de la ley, y no digamos en la Administración y el transporte público.
Pero a pesar de todo, la picardía persiste en los locales de ocio: hay restaurantes que, tres años después, ni se han preocupado en crear las zonas de fumadores. Hay bares que hacen la vista gorda, y de las discotecas o salas de fiesta, mejor ni hablar. Se podría estar hablando de que en España unos 150.000 locales no cumplen la Ley. ¡Y no pasa nada!
No cabe duda que las inspecciones son casi nulas, que también nosotros pasamos, y que las administraciones autonómicas, para colmo, han terminado poniendo anexos a la ley, con lo que la situación se hace aún más confusa para el consumidor.
Pido, quiero y exijo que, se cumpa la ley. Es más, ya he pedido a las administraciones correspondientes, en la prensa y hasta el mismo ministerio que se endurezca la ley. ¿Cómo se puede entender que se permita fumar donde se expenden alimentos? ¿Es que a estos no les llega las cerca de 4.000 sustancias que desprende un cigarro?.
El que se quiera matar que lo haga, pero a mí que me permitan ejercer mi derecho a no morir, al menos, de fumarme el cigarro de otro.